Has envuelto mis sueños todos estos días. No es que la presión sea en vano, tú realmente me importas.
No se han consumado nuestros deseos juntos, aquellos sueños que alguna vez sentimos prorrumpir cuando me tomaste de la mano por primera vez.
Desde que advertí ante mí tus palabras, esas palabras nerviosas y susceptibles que resonaban fuerte en mi corazón, el vuelo de lo cierto se alzó, y me quedé a tu lado con un montón de incertidumbres que era incapaz de sostener.
¿Cómo fue posible? en ese entonces el tiempo que llevaba en el colegio era escaso, sin embargo sucedió algo que nadie se esperaba, incluyéndome: entre ti sin saber como.
¿No recuerdas?, ¿no recuerdas como te sentías en mis brazos?, ¿en aquel momento que no queríamos ver acabar?.
¿Recuerdas el escenario que nos esperaba al otro día?, ¿las preguntas, el silencio, los prejuicios, las miradas, el saludo inocente, la despedida?... yo sé que lo recuerdas, yo sé que nada puede olvidarse, yo sé que siempre todo queda, tú te quedaste y recién ahora descubro que se siente vivir sin ti, porque te extraño y no me tranquiliza tener que esperar o simplemente verte ir cada vez más lejos.
Estoy llegando a la imprudencia, a una irracionalidad donde jamás pensé llegar por alguien, por un ser humano que antes parecía un extraño, estaba cegada o tal vez me acostumbré a estar, a vivir en la ausencia, en la miserable ignorancia de no tenerte.
Me parece lógico que me dejes, o que de un arrebato me saques de tu vida, que te acostumbres, sería ecuánime y bastante agudo.
"Eres una gran mujer"